Una vida llena de emociones!

Un viaje por la vida

Muy a menudo, tengo la impresión de que nací siendo una explosión de emociones, un huracán pero con la fortuna de que todo aquello que sentía era positivo.

Y lo fue por un tiempo. Bastante largo. Un ser extremadamente irracional. Aún ahora, siento a esa niña y todo eso que desprendía y sentía. Era como el cachorro más activo y juguetón de una manada de felinos. Vivía sin miedo, sin rencor, sin maldad, todo era bueno… Era feliz y así me recuerdo. Pura virginidad de la alegría, curiosidad, diversión, pasión por la vida, capacidad de amar y tantas cosas más.

Y la verdad, es que, hay que reconocer que es maravilloso sentirse así, no nos engañemos. Y cuantas más veces nos sintamos así, mejor, pero la “realidad” que al final vivimos como seres humanos, para todos sin excepción, finalmente es otra.

Sobre las emociones

Desaprendemos muy rápido qué significa sentirse bien con uno mismo y el luchar por ello.  Lamentablemente esas emociones nunca se mantienen en el olimpo de los dioses, ¡ojalá!.

No son estables ni en un pequeño espacio de tiempo, ni en el transcurso de la vida. Nos pasamos la vida subiendo y bajando del olimpo, unos de una manera más contenida, otros con unos altibajos más considerables y perjudiciales para nuestro bienestar mental y físico, alejándonos del equilibrio necesario para alcanzar la plenitud permanente con nosotros mismos y nuestro entorno.

Nada nos hace sentir tan humanos como las emociones. Muy humanos pero muy dependientes a la vez. Y es que los sentimientos extremadamente fuertes nos pueden invalidar la mente y consumir demasiado nuestro tiempo absurdamente. Los hay buenos pero en su mayoría, imagino que coincidiremos, son sentimientos y emociones indeseables que hay que aprender a gestionar y erradicar.

Domar a las emociones es posible desde el autoconocimiento y con el objetivo de ser un poco más libres y de vivir una vida plena y satisfactoria, con emociones, por supuesto, pero con la consciencia suficiente para que no nos alejen de nuestros objetivos vitales: ser felices con las circunstancias y la gente que la vida nos pone delante en todos y cada uno de los momentos.

El equilibrio entre la razón y la emoción

Desde que tengo uso de razón he vivido observando y analizando mis pensamientos, mis reacciones y las emociones que cada situación positiva o negativa ha generado en mí. Necesito estar en continua evolución positiva, es parte de mi esencia, y ese continuo (auto) análisis me ha permitido avanzar y espero que me haga seguir avanzando hasta el último de mis días.

El bienestar psíquico, desde mi punto de vista, es posible gracias la perfecta sincronización entre la lógica y los sentimientos, entre la razón y la emoción.

Las emociones llegan sin avisar y son de difícil control pero la razón está siempre ahí (aunque no la utilicemos lo suficiente) para ayudarnos a controlarlas y regularlas siempre con la finalidad de hacernos el bien. Ambas se retroalimentan porque la razón nos sirve para generar nuevas emociones capaces de  suplantar toda negatividad y que nos lleven por el camino que conscientemente hemos decidido vivir. Estoy totalmente convencida de que el equilibrio entre emoción y razón es una de las herramientas más potentes para garantizar el bienestar de todo individuo.

El viaje de mi vida a través mis emociones

Aquellos que me conocen bien creen que tengo una vida digna ser narrada en un libro. La verdad es que aún no me he decido a hacerlo, ni creo que lo haga puesto que hay millones de cosas mucho más interesantes sobre las que discurrir, que accionar, compartir, discutir y con mayor impacto que relatar literalmente la vida de Jesi, como Rosa me llama.

Recientemente, ella me propuso participar en su Web con alguna temática que me interesara, de la que pudiera hablar ricamente y que pudiera contribuir a construir uniones con conciencia.

Inicialmente pensé en hablar sobre temas que me interesaran y que tuvieran un impacto positivo en contribuir a una sociedad y un futuro mejor para los que vendrán detrás. Eso es uno de los motores en mi vida y siempre me gusta encontrar espacios y gente para hablar de ello.

Pero…finalmente, tras una sesión de cine para ver el documental póstumo de Jordi Évole con Pau Donés “Eso que tú me das” y una cerveza en mano, decidimos conjuntamente darle un enfoque más personal.

Ella me convenció, sí. Considero que tengo una gran experiencia de vida que me ha hecho ser quien soy hoy con sus pros y sus contras (que superaremos) y una guerrera incansable con unas metas vitales claras.

En las próximas publicaciones os iré explicando pinceladas del recorrido de mi vida, plasmando momentos o simplemente sentimientos que han generado emociones importantes para mí, de las cuales he aprendido enormemente y que me han hecho superarme en este viaje que es la vida. Solo espero que puedan ser más que inspiradoras, motivadoras.

Yo siempre me digo que si yo puedo, los demás también pueden.

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