PADRES QUE LO INTENTAN, HIJOS QUE LO CONSIGUEN

Ciertas normas, límites…

Los hogares han cambiando considerablemente en los últimos tiempos, los hijos parecen no estar predispuestos a entender que hay ciertas normas, límites que los padres deben poner en el hogar para que sea precisamente esto, un hogar.

La inmediatez…


Vivimos en una sociedad en que la inmediatez rige a las personas, conseguir el beneficio sin gran esfuerzo parece que se ha convertido en el fin que obtener, pero en el esfuerzo y en la lucha por conseguir lo que uno se propone está el verdadero valor, por tanto, debemos intentar plantearnos que está pasando, que estamos haciendo mal, porque tenemos ante nosotros, especialmente las personas con un cierto grado de responsabilidad hacia la gente, la obligación de parar a las familias que viven en modo autómata y no comparten tiempo de calidad ni dejan que sus hijos se equivoquen o pregunten demasiado, cuando ahí está la clave para hablar de adultos saludables.

Jugar con sus padres…


Al trabajar con niños me dí cuenta de la gran necesidad que tienen de ser precisamente esto, niños, de jugar con sus padres, demasiado cansados por el ritmo frenético que nos marca la vida, de tener una palabra de consuelo ante un error y no sentirse fracasados o inútiles de boca de sus progenitores, que quieren que sus hijos rocen la perfección, algo totalmente erróneo y que les convierte en grandes frustrados durante toda su vida.
Secuelas de la infancia, pensarán algunos, pero no es justo que una mala base marque mi destino de semejante manera.

El mejor regalo…


El mejor regalo que se les puede hacer a los niños es dedicarles minutos al día de juego, diversión, charlas y por supuesto, que se les enseñe porqué es tan importante que obedezcan, entiendan que en una casa hay disciplina y adquieran unos valores que los acompañarán para siempre, que
desgraciadamente se han ido perdiendo por el camino.
Si me viene un padre o una madre a decirme que sus hijos no obedecen, solamente quieren jugar a videojuegos o pedirles el teléfono y que se portan mal en clase siempre me pregunto que pasará de puertas para adentro y cuántas horas semanales dedicarán a hacerles entender que uno no puede tener lo que quiere cuando lo quiere, ya que no se valora el esfuerzo y ello está generando una sociedad vacía y con adolescentes cuya máxima preocupación es que sea viernes para escuchar la última campana del
instituto, ya que ninguna motivación más allá de una cosa tan simple y banal rige sus vidas, pero la culpa no la tienen ellos, quede claro.


Un padre que intenta distraer a un niño de pocos años de edad con un teléfono para comer tranquilo no está siendo consciente de que luego no podrá decirle que no a nada.
Una madre que está presionando a su hija para que sea la mejor de la clase, sin valorar ni por un momento su esfuerzo diario, no va a conseguir más que falta de comunicación y con ello, vienen problemas más serios que podían haberse evitado si en la infancia hubiera hecho bien su labor, educar.
La gente piensa que poner normas y límites a los niños pequeños es convertirlos en enemigos y que pierden su cariño en el momento en que se les marca, pero ni es cierto ni se les hace a un favor.
Esos niños, andan perdidos y con motivaciones poco claras, se pierden entre las aulas y para cuando quieren darse cuenta de sus errores, en muchas ocasiones ya no pueden volver a la parte del camino en que dejaron de lado el sueño que hubieran podido conseguir.

Mi recomendación,

Que los padres entiendan que los niños necesitan aprendizaje y amor, que busquen un hueco al día para ejercer como tales, en lo bueno y en lo malo.

Que lo único que querían estos niños, era iniciar su camino de una mano cariñosa y esto no cuesta tanto, pero el resultado es maravilloso y solamente por ver en que se pueden convertir los niños desde esta nueva perspectiva, valdrá la pena intentar ver que pasa.
Se llega al punto en que los padres me dicen que ya es tarde y que no saben que más hacer para cambiar las cosas, veo rendición, cuando siempre debe haber, con un pequeño en casa, espíritu de lucha, para que aunque sea por pura imitación lo tenga, que es una gran herramienta para la vida, no cabe duda.
Es cierto que faltan nociones de inteligencia emocional tanto en la familia como en las escuelas, pero ya que, a día de hoy, no está implantada ni se da en las casas por norma general, al menos hay que reconducir la situación en cada casa y entender que nuestros hijos son únicos, valiosos y especiales y han de saberlo cada vez que pueda decírselo.


No se trata de regalarles los oídos, ni generar en ellos la sensación de que son los mejores, ya que la humildad es un valor que no ha de perderse, pero debemos aprender a darles lo que necesitan y enseñarles el valor de las cosas, que se ganan con esfuerzo y no con una simple petición y fomentar un hogar donde reine la comunicación y el cariño, que son pilares fundamentales para hablar de bienestar emocional, tan necesario en tiempos raros como los que han venido para quedarse por un tiempo.


Me despido…

Con la esperanza de que mis palabras calen en quién lea estas líneas, ya que si uno da el primer paso, el resto normalmente nos sigue.
Y no hay que olvidar que quién ponga raíces fuertes en el suelo, obtendrá un precioso árbol, que en unos años dará la mejor de las sombras.

2 thoughts on “PADRES QUE LO INTENTAN, HIJOS QUE LO CONSIGUEN

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